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| Santiago Barra |
La gestación del colegio «Luz de Yebes» constituye un despropósito como pocos se han visto en esta provincia. Pero mi intención con estas líneas no es redundar sobre el catálogo de agravios que las partes en litigio se están lanzando, en los últimos meses, sino poner el acento en la respuesta a la siguiente pregunta: ¿El colegio es todavía viable, a pesar de que la empresa promotora se encuentra formalmente en situación de concurso (antes suspensión de pagos)?
Las cosas son como son, y ha llegado el momento de plantearse salidas realistas, sin perjuicio de que cada parte se reserve los derechos legales que le pudieran corresponder. Es compresible la desazón del medio centenar de cooperativistas, profesores que se están jugando no sólo su puesto de trabajo, sino también su patrimonio, defraudados porque concurrieron a un concurso público de un colegio que creían iba luego a ser concertado, aunque llama la atención de que no tuvieran la prudencia de comprobar previamente de cómo funcionan los conciertos en Castilla-La Mancha, que no son los ayuntamientos los que los otorgan. El Ayuntamiento de Yebes cometió una temeridad al incluir en el pliego de condiciones un requisito que escapa a sus competencias, simplemente porque la empresa promotora del colegio -se defiende el consistorio- les aseguró que desde la Consejería Educación, se habían mostrado «favorables a la concertación». Pero no había un solo papel.
Hasta ahora, la estrategia tanto del colegio como del municipio ha consistido en traspasar el problema a la Consejería de Educación, pero han pinchado en hueso. A la citada consejería se le puede reprochar no haber sido lo suficientemente clara en la fase de gestación del proyecto, con una advertencia pública a los posibles clientes - los padres-, de que «Luz de Yebes» no iba a ser un colegio concertado; pero su respuesta posterior es la única posible. Ha concertado la gratuidad con los alumnos que están empadronados en Yebes, pero ha dejado fuera a los que residen en otros municipios. Insistir ante la Consejería para que cambie de opinión es una pérdida de tiempo. En el área de Yebes hay sobrante de plazas públicas en el nuevo colegio de Horche, y la firma precipitada de un concierto supondría un agravio comparativo para el resto de municipios y padres de la provincia, que reclamarían un trato similar. Pero hay más: Sorprende la desinformación de algunos padres afectados, que residen en municipios del Corredor -a buen seguro porque nadie se lo habrá explicado-sobre cómo funciona el sistema en Castilla-La Mancha. Aunque el «Luz de Yebes» fuera finalmente un centro concertado, el colegio entraría en los mapas de zona y en el sistema de puntos, con lo que sería muy difícil que a él accedieran alumnos de Alovera o Cabanillas, por citar dos municipios con padres afectados, y que reclaman una solución.
¿Existe esa solución?, me preguntaba al principio de este artículo? Descartado a corto plazo, la extensión del concierto, hay que recordar que otros muchos centros nacieron en esta provincia como centros privados, y que sólo con el tiempo la Administración les otorgó el concierto, una vez acreditada la demanda. Todos estos centros tenían -y tienen- un ideario religioso, que no ha cambiado con el tiempo. «Luz de Yebes» cuenta con la singularidad de ser el primer colegio privado laico de Guadalajara, lo que es un elemento diferenciador, no desdeñable, en una sociedad abierta y plural. Pero si nos atenemos a lo que muchos padres proclaman en nuestros blogs y foros de Internet (el post de Óscar Cuevas ha tenido 156 comentarios, lo que acredita el interés que suscita el tema), estamos ante un centro que ofrece mejores horarios y servicios que otros del sistema público, y la posibilidad de conciliar la vida familiar y laboral. Como también cuenta con unas instalaciones amplias y recién estrenadas, yo quiero animar a los cooperativistas a que no tiren la toalla por los reveses sufridos, y que exploren todos los caminos para abrirse un hueco en el sector de la enseñanza privada, que a buen seguro tiene su mercado en Guadalajara. Es cierto que, a día de hoy, no hay demanda para 1.600 plazas, una cifra alejada de cualquier previsión sensata, pero si son capaces de redimensionar el proyecto, y saberlo vender entre los potenciales interesados, no todo está perdido. La crisis ha desbaratado todos los planes sobre el desarrollo de Valdeluz, pero Guadalajara y el Corredor sigue siendo una de las zonas de España con mayor crecimiento demográfico. Y no faltarán padres que estén dispuestos a sacrificarse para llevar a sus hijos a un colegio privado de calidad, si creen que la educación y los servicios que allí se prestan lo merecen. ¿No fue Manuel Chaves el que dijo que se había gastado todo su patrimonio en la educación de sus hijos? Ahora bien, como en cualquier empresa privada, hay que acomodar la oferta a la demanda, aunque exija sacrificios, vender bien el producto y esperar tiempos mejores para ampliar el negocio. Eso, o seguir lamentándose en vano de la osadía del Ayuntamiento, por refrendar una competencia que no le corresponde. Una inversión cercana a los 26 millones de euros, no debe ser desaprovechada, por mal que se hayan hechos las cosas. La mejor manera de no caer en la fatalidad, es darse un baño de realismo.

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