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Vicenzo di quatrocento

miércoles 15 de junio de 2011

FIESTA DE LAS MAYORDOMAS (ALCOCER 3 DE JULIO DE 2011)

En el año 1993 aparecía publicada en "Nueva Alcarria" el siguiente artículo:

Una hermosa página de amor a su pueblo y de respeto a las tradiciones que heredaron del pasado, han escrito las mujeres de Alcocer en fechas todavía recientes. Tal y como les señala la costumbre, durante anos y siglos a lo largo de su historia, puntuales en la mañana del domingo siguiente a la festividad del Corpus Christi, cerca de setenta de ellas salieron a la calle vistiendo -emotiva y colorista- la indumentaria de las antiguas "Mayordomas", con el que se solía honrar cada año hasta hace medio siglo en que dejo de celebrarse, a sus heroicas antecesoras que en plena Edad Media consiguieron ahuyentar a las huestes moras las cuales, siguiendo los retos mortales del Cid Campeador durante su traslado de Valencia a Burgos, venían arrasando vidas y haciendas por aquellos pueblos ribereños que surcan los cauces del Guadiela. En Alcocer como en casi todos los lugares de la comarca, y de Castilla entera, no había varones, estaban peleando en aquel enfrentamiento cruel e interminable a favor del rey o de sus correspondientes señores feudales por tierras lejanas.

Con una imagen de la Virgen sobre sus hombros, con gran valor y con no poco ingenio para adornar sus cuerpos: cintas de colores, baratijas brillantes, flores sobre sus cabezas y mantillas al uso, las féminas -cuenta la tradición- se pusieron en marcha al son de los tambores, intentando recibir por las afueras del pueblo a la caballería mora. No la llegaron a encontrar, puesto que, cobardes en el avance y bajo el temor de que aquella manifestación se tratara de un ejército organizado que les saliese al encuentro, decidieron dar marcha atrás en tan buena hora, dejando con ello en paz a los pequeños núcleos urbanos sobre los que venía pesando desde hacía tiempo la cruz de la desgracia.

Mayordomas con el traje típico
Luego, las mujeres de Alcocer siguieron celebrando el memorial de la gesta; vistiéndose como aquellas bravas compatriotas medievales; saliendo a la calle con la imagen de la Señora vestida como ellas; entonando cánticos de alabanza y de agradecimiento a la Madre de Dios, hasta que la costumbre se desvirtuó para convertirse en ofrenda de unas pocas y desaparecer como consecuencia de su calendario festivo.

En marzo de 1980, el todavía boticario de Alcocer, don Federico, hombre de sólida erudición, conocedor de la vida local como pocos y del porqué de las cosas, contó el hecho a quien esto escribe. Se sacó a la prensa a título de anécdota inmediatamente, lamentando su irreparable desaparición con todo lo que ello suponía de perdida en el fondo cultural de los valores heredados de Castilla. Algunos años más tarde se volvió a insistir, también a través de la prensa, acerca de este asunto, comprometiendo a las mujeres de la villa para que reemprendieran de nuevo el camino de la tradición. Al final, las alcocereñas, con su alcaldesa, Gema Nieto a la cabeza, aceptaron el reto y se pusieron manos a la obra: reuniones, charlas, pequeñas asambleas recabando información a las ancianas del pueblo acerca del vestido. El resultado quedó patente en la mañana del 28 de junio de aquel año, día de feliz memoria para Alcocer. La bellísima iglesia románico-gótica de la villa se convirtió, por obra y gracia de sus mujeres en colorido campo de margaritas, sus calles en río de emociones, su ambiente en canto sonoro a la Virgen del Tremedal, su Patrona, vestida como una de ellas. La costumbre, con la raíz historia más antigua que conozco en esta provincia, había vuelto a renacer con fuerza.